El viaje de ida
La jornada inició cerca de las 3 AM, el taxi nos recogió a las 4 AM. Había que prevenir cualquier contratiempo… documentamos equipaje (25 kg casi exactos), desayunamos con calma, volamos a CDMX y todo en orden.

Transbordo al vuelo México-Madrid sin holgura pero sin contratiempos. Fila de asientos con espacio extra en las piernas (mi hermana es la mejor para eso de las reservaciones). Todo es diversión. Ahí vamos las dos, tan iguales y tan diferentes como nuestros termos de café.

La comida se sirve a las 3 pm. Se “hace” la noche, uno intenta dormir mientras vamos por el medio del atlántico.

Desayuno de campeonas: chilaquiles con huevo, fruta, yogur, jugo, café, bollito con mermelada…

¿Y las medicinas de la noche? Pues no hubo cena, no hubo noche, no hubo medicinas. Ya tocan de nuevo las de la mañana.
El equipaje llegó bien y a tiempo.
Hay que ir a la estación de tren: ¿en autobús o en metro? ¿Desde el piso 1 o desde el piso 2? ¿Se compra boleto antes o al subir? Todo tiene preguntas. Lo bueno es que tenemos tiempo suficiente para llegar.
Después de mucho ir y venir, llega el autobús, ¿Oiga señor chofer, si nos lleva este autobús a Chamartín? —No, a Chamartín mejor vaya en metro.
La maleta no es tan ligera… pero vamos a empujarla de nuevo, al fin que venimos a caminar.
Llegamos al metro. ¿Por qué hay máquinas de venta de pasaje para turistas? ¿Podemos usar la misma tarjeta para dos personas? ¿Y si los regañan por la maletota? Más preguntas. Lo resolvemos solas, no hay a quien preguntar. Una señora nos pregunta… como si nosotras supiéramos (el chiste es responder con seguridad) Por supuesto, todo sale bien.
Llegamos al anden. Ahí viene el metro. Se detiene frente a nosotras. No abre la puerta. Las otras ya abrieron, otros pasajeros ya subieron. ¡Aaaah! Aprendi que acá la puerta de acceso al vagón del metro no se abre a menos que un usuario presione un botón sobre la puerta. Transbordo de líneas de metro. Llegamos a Chamartín. ¿Y ahora… a la izquierda o a la derecha? Hay señales para el tren de alta velocidad en ambos sentidos. Elegimos una. Llegamos. Son las 7 AM. El tren sale 11:45
¿Y ahora? —Desayunar… y esperar. Pan mediterráneo (aceite de oliva y jitomate empacados como si fuera mantequilla y mermelada), baguette ibérico, zumo de naranja, café con leche.
Platicar, esperar…
Y volver a desayunar (ya qué). Napolitana bombón. ¡Qué delicia!

Y seguir esperando.
Al fin aparece el tren en la pantalla de salidas. Brinca de uno en uno, a veces dos o tres renglones. Al fin asignan andén.

Qué bonito es el tren. Allá vamos, Oviedo.

Los asientos están incómodos. Tenemos hambre. No hemos dormido bien. Pero estamos en camino y estamos felices.
Llegamos a Oviedo.
