Tejer, destejer, retejer
Para entender a la abuela hay que entender el asunto de tejer.
La madeja se teje, se desteje y se vuelve a tejer.
Una y otra vez.
Y otra vez.
Hasta que queda la prenda completa, si has tenido suerte. O hasta que te cansa el estambre, el color o la puntada; entonces mejor la guardas en una bolsa, en una caja, en un cajón.
Yo intento hacer una cobija. No consigo avanzar sin que me ponga la muestra de nuevas puntadas, o me sugiera que cambie el estilo, el color, el tamaño.
-¿Y es niño o niña?- me preguntó M.
-¿eh?- le contesté.
-Sí… ¿para quién vas a hacer la cobija, ya sabes si es niño o niña?
-Es para mí, para ponérmela mientras veo la tele en el sillón.
-Aaaah, entonces hazla como te dé la gana. -contesta M. y sigue tejiendo la trenza de la bufanda que cree que es para mí, pero no es bufanda, no es para mí, y seguramente mañana que la visite de nuevo ya la habrá desbaratado para volverla a empezar.
Así son también las conversaciones: cambiamos de tema -como de puntada-, a veces guardamos la conversación en un cajón o una bolsa y mucho tiempo después vuelven a surgir; otras veces conversamos sobre el mismo tema varias veces en la misma tarde, respondemos la misma pregunta, retejemos la puntada hasta que nos convence, o desaparecemos la conversación como desaparecen los tejidos, los ganchos, las agujas…
Hay que tejer con ella, y saber que el tejido pude nunca quedar terminado pero que aunque se guarde, se desteja, se olvide… ahí está para ser tejido, como la conversación.

julio 14, 2016 @ 9:37 am
¡Qué lástima que los míos ya se adelantaron!… pero me suenan familiares muchas de las anécdotas. Tanto que aprender de nosotros mismos a través de ellos/as. El ritmo de la prosa es coloquial… me agrada. Gracias por compartir.